Adoración Eucarística

Adoración Eucarística


Horario de adoración a San Pablo Apóstol:

 

Miércoles por la tarde 5:00 pm

 

El primer y tercer jueves del mes

5:50 am

La adoración es la primera actitud del hombre al reconocerse criatura ante su Creador.


Exalta la grandeza del Señor que nos ha creado y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal. La adoración es homenaje del espíritu al «Rey de la gloria», silencio respetuoso en presencia del Dios «cada vez más grande». La adoración al Dios tres veces santo y soberano del amor se conjuga con la humildad y da seguridad a nuestras súplicas.


—Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2628

¿Qué es la Adoración Eucarística?


En términos sencillos, la Adoración Eucarística es adorar o honrar la Presencia Eucarística de Cristo. En un sentido más profundo, implica "la contemplación del Misterio de Cristo realmente presente ante nosotros".

Durante la Adoración Eucarística, “velamos y esperamos”, permanecemos “en silencio” en Su Presencia y nos abrimos a Sus Gracias que fluyen de la Eucaristía... Al adorar a Jesús Eucarístico, ¡nos convertimos en lo que Dios quiere que seamos! Como un imán, el Señor nos atrae hacia Sí y nos transforma suavemente.

En su más plena esencia… ¡La Adoración Eucarística es “Dios y el Hombre tendiéndose la mano, al mismo tiempo!”


La Eucaristía es: Jesús verdaderamente presente: ¡Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad!


En el momento de la Consagración, durante la Misa, los “dones” del pan y del vino se transforman (transubstancian) en el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el Altar. Esto significa que no sólo se transforman espiritualmente, sino que se transforman realmente (sustancialmente) en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Los elementos conservan la apariencia del pan y del vino, pero son en realidad el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esto es lo que se entiende por Presencia Real: la presencia física y real de Jesús en la Eucaristía.

Cristo instituyó este Santo Sacramento de la Eucaristía para permanecer con la humanidad hasta el fin de los tiempos (Jn. 14,18).

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